Miedos Conquistados


Salmos 34. “4Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores”.

Pueda que en nuestra vida hayamos tenido éxito simplificando unas áreas importantes, y probablemente podamos lucir bien por fuera. Pero si el miedo corre a sus anchas debajo de la superficie, estamos a punto de derrumbarnos igual que una pared podrida. Simplificar nuestras vidas también significa eliminar los focos de miedo allá donde acechen.

A Dios le gusta que el hombre viva sin miedos, experimentando paz. Si ponemos atención, desde Génesis hasta Apocalipsis encontramos una y otra vez referencias que dejan marcado el deseo de Dios de un mundo libre de miedo y lleno de paz.

En Números, Dios ordena a Moisés que dé esta bendición que encontramos en Números 6. “22Jehová habló a Moisés, diciendo: 23Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: 24Jehová te bendiga, y te guarde; 25Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; 26Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. La paz fue uno de los últimos dones que Jesús impartió a Sus discípulos antes de su asunción. Juan 14. “27La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Un poco más adelante en el mismo evangelio podemos leer en Juan 16. “33Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. También podemos observar que Juan y Pablo se refieren a shalom en su comunicación a la iglesia primitiva. Filipenses 4. “6Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. y leamos también las hermosas palabras de Juan en 1 Juan 4. “17En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. 18En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. Esto es una muestra pequeña de los muchos pasajes bíblicos que hablan acerca de shalom. Esto deja claro que Dios desea paz para el mundo. El miedo no puede gobernar en los corazones de la gente que permite que Dios reine completamente.

Con todo esto surge una pregunta: ¿Dónde está la paz? Si nos sinceramos podemos encontrar unos focos de miedo escondidos en nuestro interior. Yo tengo varios miedos. Conozco muy pocos que andan por ahí con “una paz que sobrepasa todo entendimiento” en sus corazones. ¿Qué será que muy pocas personas experimentan paz?

El miedo es la muralla que impide la entrada a la paz, y es un repelente para tener una vida simplificada. El miedo te hace débil. De nada vale simplificar los calendarios, nuestras relaciones, las finanzas, y cosas por el estilo; cuando el miedo atropella, todo se derrumba. No importa lo fortalecidos que luzcamos por fuera, nos quebraremos si el miedo se ha colado bajo la piel de nuestra vida.

Todos tarde o temprano nos topamos con destructores de paz que nos roban el shalom que Dios quiere para los suyos. Los destructores de paz son fuerzas o circunstancias que sacuden nuestra tranquilidad interior. Se inmiscuyen dentro de nosotros sin tener invitación a pasar. Incitan al miedo y causan ansiedad. Y cuando tratamos de no prestarles atención, toman más fuerza y nos ponen en riesgo de derrumbe. Algunos de estos destructores de paz son: la crisis de una relación, malas noticias inesperadas, la presión económica, un fracaso moral, la muerte acechadora. Es probable que estemos atrapados en alguno de ellos ahorita.

Malas noticias inesperadas

Un telefonazo, una carta, un correo electrónico marcado como “urgente”, los resultados de unos exámenes médicos, un timbrazo un domingo en la tarde, una carta de despido un treinta de mes. En pocos segundos, las malas noticias te golpean en la cara, y las tranquilas aguas de tu mansa vida se convierten literalmente en un tifón. Ahora la tragedia y el caos quieren reinar. Desearíamos retroceder el reloj y deshacer lo que ha pasado, pero ya no tenemos control, shalom se ha marchado.

Fracaso moral

Cuando cruzas una importante frontera moral, la ola de miedo, remordimiento, culpa y vergüenza que inunda tu alma arrasa con cualquier sensación de paz que alguna vez hubo allí. La última vez que cedimos ante cierta tentación, nos sentimos tan culpables delante de Dios, tan llenos de ansiedad y vergüenza, que le confesamos el pecado y le decimos: “Señor, esto nunca volverá a pasar. Voy a vivir en tus caminos. No volverá a pasar”.

Sin embargo cuando la tentación te coquetea nuevamente, haces el mismo salto mortal en el mismo abismo. Te pones furioso contigo mismo, y te sientes sucio y avergonzado. Esa idea de paz con Dios se ve muy distante y perdida para siempre. Surgen las palabras juicio, vergüenza, esconderse, secreto y miedo. Pocas cosas hacen pedazos nuestra paz como un fracaso moral.

Mortalidad inminente

Todos algún día llegaremos a un momento en que nos enfrentaremos cara a cara con nuestra propia mortalidad.

Es probable que ya vivas con serias dificultades físicas. Pueda que haya un informe médico un tanto negativo escondido en casa. Quizá has llegado a la mediana edad y te das cuenta que ya no eres un jovencito con toda una vida por delante. O pueda ser que hayas llegado a una edad donde difícilmente llegarás a cumplir diez o cinco años más. ¿Cómo dejar que la paz de Dios reine cuando sabemos que pronto nos vamos a morir? Esa es una fuerte tensión para muchos. Una inminente mortalidad puede ser una destructora de la paz.

Los destructores de paz como las malas noticias, las malas rachas económicas, las crisis relacionales, los fracasos morales y nuestra inminente mortalidad tienen un alto poder de evitar que la paz de Dios se establezca en nuestras vidas.

Pero, ¿qué haces cuando un destructor de paz irrumpe en tu vida? ¿Abandonas la idea de paz? ¿Te resignas a vivir con un grado comedido de miedo y la sensación siempre presente de ansiedad?

Creo que podemos hacerlo muchísimo mejor. Puedes vivir en shalom a pesar de los destructores de paz que intentan soterrar tu vida. Puede ponerte en pie y luchar.

Miedo Constructivo

Sonará chocante lo que diré, pero a veces el miedo es algo bueno. No se debe luchar contra algunos miedos; se les debe hacer caso. Son los miedos constructivos. Cuando te pone nervioso manejar un auto en una noche de tormenta, este miedo permite que no te vayas a estrellar. Cuando te preocupas por un examen de la escuela, sea como sea ese miedo te motiva a prepararte mejor. Un poco de miedo te ayuda a valorar una oportunidad.

Cuando evitas con éxito una tentación porque temes el daño que podría causar, ese miedo te mantiene alerta y centrado en las consecuencias de tus acciones.

Sé perfectamente que hemos fallado a la hora de hacer caso a la sabiduría que nos da los miedos constructivos, sobretodo cuando somos jóvenes. Yo hace algunos años cometí la estupidez de arriesgar mi vida cruzando un hoyo profundo a través de un tronco. En ese instante me pasó igualito que el rey Belsasar en Daniel 5. “6Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra”. Este rey estaba “muerto de miedo”, igual que yo solo de pensar que tenía que cruzarlo nuevamente.

El miedo constructivo no solo nos advierte de daños físicos, sino que también intenta alertarnos de daños más profundos y espirituales. Mateo 10. “28Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. La verdad que debemos vivir con un ojo puesto en la eternidad. El verdadero éxito finalmente es acabar en el cielo.

Miedo Destructivo

Este tipo de miedo a diferencia del constructivo, nos paraliza, no nos protege de peligros razonables ni nos llama a ponderar la eternidad con actitud seria. Este miedo merma nuestra calidad de vida. Silencia nuestro gozo, y nos roba la satisfacción. Imagina a Pablo, temiendo la resistencia o el rechazo, eligiendo estar guardado sano y salvo en su casa en vez de dirigirse a los viajes misioneros que llevaron el mensaje de Jesucristo a muchos lugares.

Imagina a un David con miedo de lo que le podía hacer el gigante. Imagina a los amigos de Daniel con miedo de morir en el horno de fuego. Pablo nos dice en 2 Timoteo 1. 7Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Dios no quiere timidez en ti, quiere que vivas con un espíritu de poder, amor y una mente serena. Él quiere ayudarte a conquistar las preocupaciones fatigadoras que nos ahogan.

Cuando tú haces tu parte, Dios hace la Suya. Prepárate para el trabajo duro. Debemos de comprender el origen del miedo. Debemos entender también cómo exponer las mentiras del miedo. El miedo prospera en el engaño. Juan 8. “44Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. También debemos aprender a cómo afrontar el miedo cara a cara.

El único camino por el que derrotarás tu miedo es sosteniéndote a la mano de Dios y enfrentarte a lo que temes. Finalmente hable palabras de verdad. La verdad vence, siempre. Salmos 34. “4Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores”. Mire las palabras que Dios le dijo a Josué en Josué 1. “5Nadie te podrá hacer frente. en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.

Y por favor NO dejemos de orar. Presenta tus peticiones a Dios. Dile a Dios exactamente qué quieres que haga. Si tienes duda en algo en tu vida, díselo a Dios, habla con Él.

Es hora de que te enfrentes a tu miedo. Has sufrido demasiado tiempo bajo la tiranía de la ansiedad y el miedo. Haz de hoy un momento decisivo de tu vida.

2020 Noviembre 15. Domingo 07 am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

Deja Espacio para el Perdón


Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Es imposible, escúcheme bien, imposible que pueda vivir en este mundo sin ser agraviado. ¿Alguien puede levantar la mano que no haya sido agraviado? Todos hemos sido agraviados, lastimados, maltratados, perseguidos u ofendidos.

Muchas veces subestimamos el verdadero costo de un agravio. Pensamos que podemos seguir adelante en la vida sin que nos afecten las problemáticas y las fracturas con las personas que nos importan. Los fracasos relacionales nos debilitan, nos merman fuerzas. Estos eventos cautivan nuestra cabeza y corazón, y están sobre nosotros como una nube oscura llena de tormenta.

Hay personas que tienen un historial de relaciones rotas en la vida, que cuando tienen un malentendido o alguien sale herido, hacen poco o nada por arreglar las cosas. ¿Y qué dicen? Que resolver las cosas lleva demasiado tiempo y energía, sin embargo la huella en su camino es devastadora.

Es mucho mas eficiente, además que trae paz a la mente y satisfacción a la vida, sanar una ruptura relacional en vez de dejarla ignorada y evitarla. Es imposible vivir vidas simplificadas con relaciones rotas.

Siempre lo que hay dentro finalmente sale

Jesús es el experto número uno en relaciones rotas. Jesús, sufriendo sus últimos momentos de vida clavado en la cruz , ofrece palabras de reconciliación a todos lo que le acusaron injustamente y por detrimento le declararon culpable, es decir la gente que le estaba matando. Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. ¡Qué preciosa oración llena de bondad! No es muy larga, de hecho solo tiene ocho palabras. Estas pocas palabras han sacudido corazones de los que las leen.

Justo en el momento del agravio, Jesús perdonó a los que le agraviaron, a los que lo mataron. Debemos recordar que los verdugos romanos no eran precisamente los niños de un jardín infantil. No eran personas modelos de comportamiento y buenas costumbres. Eran soldados de un imperio despiadado, que tenían violencia en sus venas, rabia en sus corazones y que los volvía aptos para ser ejecutores perfectos. En otras palabras, eran asesinos de profesión, algo así como criminales legalizados que les encantaba su oficio. Estos matones blasfemos golpearon a Jesús hasta dejarlo irreconocible, para luego clavarle clavos en manos y pies. Y si esto fuera poco, luego echaron suerte por sus ropas, y ya en la cruz se burlaron. Con todo ese escenario, que debió ser mucho más crudo de lo que lo puedo describir, Jesús colgado en la cruz, luchando por respirar, ensangrentado lacerado, desnudo, herido y completamente expuesto, perdonó.

¿Qué clase de impacto tuvo la breve oración de Jesús en los espectadores? Marcos 15. “39Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Y miren cómo después de unos años, el impacto de la oración lo reconocía Pablo en Romanos 5. “6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”. En algunas versiones dice “todavía éramos pecadores”. La oración que Jesús realizó mientras colgaba de la cruz dejó su marca en las bases de la fe cristiana. Cuando todavía éramos pecadores, en medio de nuestra tremenda transgresión a su humanidad, Jesús nos perdonó profundamente.

Vivimos en un mundo atestado de pecadores. De hecho yo soy uno de ellos, y un pecador en serie, repetitivo en ese accionar. Creo que igual que tú. Es natural en nosotros buscar estar delante de los demás, se nota al conducir un automóvil, sin embargo ese actuar causa daño a los que están a nuestro alrededor.

Responder a las ofensas

Ofensas menores

Hay ofensas que realmente son menores, donde el “agravio” no es más que un pequeño desliz, pero la parte ofendida perdiendo contacto completo con la realidad, se pone en modo “víctima”. A veces somos tan exagerados que queremos sentirnos modo “pobre criatura” con cualquier cosa, y andamos buscando un pretexto. Realmente deberíamos tener suficiente resistencia para no enojarnos o sulfurarnos cuando se nos crucen las irritaciones menores e insignificantes de la vida. 1 Corintios 13. “4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;”. Este par de versículos exhorta a todo el que pregona ser seguidor de Cristo a que no seamos gente que “se enoje con facilidad”. Viviendo bajo la perpetua fuente de amor que es Dios, nuestros corazones deberían estar llenos de Su amabilidad, gracia y amor diarios que deberíamos tener suficiente paciencia y resistencia para no enojarnos por pequeñeces, por las injusticias de todos los días, los pequeños choques que suceden con la familia y amigos. De esta manera simplificamos la vida. No hagamos montañas de cosas infantiles. Déjalo ir. No te preocupes, puedes superarlo con facilidad, puedes perdonarlo fácilmente, puedes simplificar tu vida; aunque puedes hacer lo contrario y actuar como “víctima”, erigirte en tus “derechos” y hacer que todo el mundo sepa que te han ofendido. Es fácil permitir que la ira y el enfado salgan a la superficie. Si tienes la costumbre de ahogarte en un vaso de agua, averigua qué dispara tus reacciones desproporcionadas.

Heridas intermedias

Estos agravios son un tanto más complejos, ya que no son simples ofensas sin importancia, llevan consigo heridas justificadas que demandan una solución, una cura. En algún momento de nuestra vida caeremos en este tipo de ofensas irremediablemente, es parte de vivir en un mundo donde el pecado está presente.

A veces nos acercamos a alguien para contarle una dificultad de nuestra vida, y le pedimos en la confianza que guarde el secreto. Pero mas tardamos nosotros en decirle que sea prudente, que esa persona en tomar el celular y contarle a otra persona cercana a nosotros. ¿Nos molestamos? Tenemos una herida justificada, es una traición a todas luces, es más que una irritación menor. El que fue en un día un amigo de confianza se ha convertido ahora en la persona con la boca mas grande del mundo y nos ha comprometido con su falta de cordura y responsabilidad.

¿Qué merece el amigo con la bocaza del tamaño del océano? Es una pregunta legítima y encaja con el pensamiento común del mundo donde vivimos, al estilo del ojo por ojo del AT donde los ofensores merecen un castigo ¿verdad? Éxodo 21. 24ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”. Lo malo de este pensamiento es que no da una satisfacción duradera y absoluta como el agraviado se imagina que recibirá. Centrar nuestros esfuerzos en una venganza definitivamente no es parte de una vida simplificada.

Perdonar no es un proceso sencillo. Perdonar significa estar consciente del daño recibido, sufrir lo que nos han hecho, y aun así al final liberamos a la otra persona, la dejamos ir, no por su bien, sino por el nuestro.

En este tipo de ofensas intermedias no hay una solución rápida. El perdón en el tiempo de Dios es la única puerta a la sanidad. Pueda ser que en estos casos el perdón lleve tiempo, pero al final del día es la única salida viable que genera paz.

Mateo 18. “15Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. No importa quién haya causado la ruptura relacional, tú debes dar el primer paso. No importa si es problema de la otra persona, o tu problema, o de ambos, o de ninguno; tú debes iniciar el intento de reconciliación. SI hay fricción en tu relación, o cualquier crisis, Jesús dice: Ve, da el primer paso.

Ojo, Jesús nos dice que vayamos solos, no hagamos un “pancho” antes diciéndole a todo el mundo lo que la otra persona nos hizo. No le cuentes a nadie los detalles de la problemática. Cuando te acerques a alguien que te ha herido, hazlo con un espíritu de reconciliación.

Injusticias que destrozan la vida

Este tipo de agravio son tan fuertes y profundos que destruyen la vida, puede ser una tragedia impensable que cambia tu vida. Por la misericordia de Dios, no todas las personas vivirán una ofensa de categoría 3 en su existencia.

La persona que sufre este tipo de agravio, no es que ya no sea la misma persona, sino que es la misma pero con un montón de dolor, y donde vaya lo lleva con él. Estos agravios son ocasionados por tragedias de muerte, por pérdidas y daños ocasionados a la humanidad de una persona por culpa de otra. Acá se dan los casos de las víctimas de abuso sexual que perdonan a sus abusadores, adictos recuperados enmendándose con la familia devastada que les perdonaron. Por lo gracia de Dios, el perdón genuino por las ofensas de esta categoría es posible. Es un trabajo duro, y difícilmente pasa de la noche a la mañana.

El perdón radical es poderoso. Corta la respiración. Un corazón normal buscaría venganza. Jesús fue el modelo de este tipo de corazones cuando perdonó a sus asesinos mientras lo estaban matando. ¿Qué transforma el corazón de esa manera? Comienza cuando experimentamos el perdón de nuestros propios pecados por medio de la Cruz de Cristo. Conocer nuestros defectos delante de un Dios santo nos capacita a su vez para elegir un perdón radical. Lucas 7. “47Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados”. Comprender del todo el perdón radical que Dios nos extendió mientras éramos todavía pecadores supone a su vez un cambio de corazón. Es mucho más fácil ofrecer perdón a los demás cuando somos totalmente conscientes de cuánto nos ha perdonado Dios a nosotros.

Cuando tu corazón se llena a diario de la generosidad del Padre, comprendes las alternativas a la hostilidad, la amargura y la búsqueda de venganza. Para este tipo de ofensas el perdón es un proceso de por vida. No permitas que la falta de perdón te haga esclavo. Ayuda tener clara aquella oración de Jesús en la cruz. Lucas 23. “34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Cuando pasas de herido a sanado, pasas a una vida más simplificada.

2020 Noviembre 08. Domingo 07 am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

El Viaje de la Vida


Génesis:24. “42Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando,”.

La vida es literalmente un viaje, y como todo viaje, tiene un punto de partida. Cabe aclarar que tú no tuviste ninguna decisión sobre iniciar este viaje, tu color de piel, tu raza, tu país, tu sexo o en el color de tus ojos. Desde que naciste te iniciaste en el viaje de la vida.

Así como tiene un inicio, gracias a Dios, también tiene un final. Este viaje puede finalizar de repente, sin aviso previo, o después de una larga y deteriorada salud; de una u otra manera el final llegará, y al igual que el nacer, tampoco será su decisión. La muerte nos llega a todos por igual, y que cuando llega nos hace igualitos a todos.

Como en cualquier viaje, este también tiene un punto medio, el cual se convierte en nuestro diario vivir, nuestra jornada. Es cierto, para algunos esta jornada es muy breve, pero para gran parte de nosotros este lapso dura muchos años, donde pasamos de la infancia, a la adolescencia y luego a adultos, y posteriormente a la vejez. Al igual que el inicio y el final, esta etapa es inevitable.

La vida es un viaje, aunque a veces no lo tengamos presente. El vivir se vuelve tan complejo que nos ocupa casi toda la atención, y no nos detenemos a observar la foto completa. Para unos la vida es como el “reality show Survival”, para otros, a pesar de tener todo lo soñado está llena de insatisfacciones y frustraciones. Unos vemos la vida cómo una serie de momentos no relacionados, unos malísimos, otros no tan malos, y otros buenos. Otros sienten la vida como un remolino que ha arrasado con todo.

Dios, cuando nos dio vida, quería y quiere que nuestra vida transcurra de una manera diferente, llena de gozo y de propósito. Dios quiere guiarnos en nuestras decisiones, y quiere brindarnos esperanza para el futuro. Pero lo que mas quiere es caminar con nosotros en este viaje llamado vida.

¿Qué clase de viaje has tenido? ¿Tu viaje ha sido más bien un camino resaltado con desilusión, tristeza, sufrimiento y dolor? Usted anhela algo mejor, pero parece como que la tranquilidad y la felicidad lo han esquivado. Pueda ser que muchos años usted fue en búsqueda de emociones fuertes, placeres, dinero, éxito y reconocimientos. Es probable que esos logros lo hayan satisfecho temporalmente, pero al final lo llevan nuevamente a un aburrimiento, insatisfacción, y si no tiene cuidado, al desastre.

Es probable que sienta que su viaje ha sido injusto, rodeado de situaciones que no ha podido controlar, como enfermedades, presiones financieras, relaciones destrozadas, soledad, culpa, desesperación y vicios. En otras palabras la vida se ha convertido en algo cansado, sin esperanza y sin salida. Aunque puede ser que su viaje le haya resultado relajado, sin muchos problemas, pero no ha tenido el rumbo que soñaba y está vacío, sin propósito.

Job 5. “7Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción”. Estas palabras de Job no han perdido nada de relevancia a pesar que se escribieron hace muchos años. Job lo vivió, y pueda que mucho más que nosotros. ¿Siempre debe ser así nuestro viaje?

Creo que todos creemos que la vida no debe ser así, y soñamos con algo mejor. Debe haber otro camino decimos, otra senda. ¿Por qué muy pocos la encuentran? ¿Por qué no la hemos hallado? Lo que puedo decirle es que no importa cómo haya vivido, el resto de vida la puede pasar diferente. Usted solo recorrerá este viaje una sola vez, ¿por qué no sacarle el jugo? Para ello debemos entender tres verdades muy importantes.

Primera verdad: Dios lo colocó en este trayecto de vida

Usted no es una noche de pasión y lujuria, no es casualidad, no es un nacimiento no deseado, o consecuencia de una violación, Dios sabía absolutamente todo de usted, y Él planificó tu vida. Tú pintas en la eternidad, Él decidió darte vida, y es obvio, no fue tu decisión. Jeremías 1. “4Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. Mire cómo entendió esta gran verdad David, Salmos 139. “16Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas”. Está claro que salimos del Señor y será maravilloso volver a Él.

Segunda verdad: No estamos solos, Dios desea estar con nosotros

Dios no solo nos puso en este viaje, sino que se derrite por ir junto a nosotros si se lo permitimos. ¿Por qué estar solos, si Él está con nosotros? Salmos 139. “7¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás”. Al comprender esta verdad nos llenaremos de la gasolina que nos ayuda a seguir adelante: Esperanza. Tenemos una luz de que esto cambiará. Pase lo que pase, Dios nunca nos abandona si nuestra confianza está en Él. Deuteronomio 31. “8Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. Leamos las palabras de Jesús en Mateo 28. “20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Amigo, entérate de esta gran verdad.

Tercera verdad: Dios nos llama a un nuevo viaje, a tomar una nueva senda: la de la fe y de la confianza en Él

Dios cada día nos susurra que tomemos otro camino, otro sendero, otra vereda que Él la trazó para nosotros. Él nos dice que ese es el único camino que nos lleva a una vida verdadera, tal y como Él la quiso desde un principio para todos nosotros. Sin embargo la mayoría de los habitantes de la tierra no prefieren esa senda, la correcta. Mateo 7. “13Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Dios nos insta a que sigamos ese camino angosto. ¿Qué debemos hacer? ¿Por qué arriesgarnos en cambiarnos de senda? Le doy 3 razones:

Primera razón: La vida actual no cumple lo que promete

¿Cuántas personas son realmente felices? El Instagram y el Facebook rebosan de matrimonios unidos, familias felices y de maravillosos momentos de alegría. ¿Lo están de verdad? La vieja manera de vivir promete paz, seguridad, y alegría, pero se convierte en miedo, ansiedad, sufrimiento, amargura y tristeza. Lucas 12. “19y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. Este hombre adinerado tomó el camino equivocado, y se arruinó. El sendero antiguo nos promete todo, pero sus promesas son completamente falsas, y al final nos desbarata todo.

Segunda razón: El camino del Señor cumple lo que Él promete

Los que recorren este camino, aunque haya tormentas y desgracias alrededor, ellos muestran paz interior inexplicable. Cuando otros se agonizan en dolor y necesidad, los que recorren el camino de Dios responden desinteresadamente y con tremenda compasión. Ojo, no estoy diciendo con esto que nuestro viaje será fácil y no encontraremos dificultades. De hecho, Jesús dijo esto en Juan 16. “33Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Los hijos de Dios no estamos exentos de penas y algunas angustias en el viaje, sin embargo Filipenses 4. “7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Tercera razón: El camino de Dios nos lleva al hogar

¿Quién no desea volver a casa? Deberíamos viajar deseando volver a nuestro hogar. El hogar es un lugar de paz, seguridad y reposo. Nuestra nostalgia debe ser profunda por nuestro hogar eterno, lo debemos extrañar en gran manera. Date cuenta, estamos destinados a la eternidad. Hebreos 11. “13Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Nuestra casa verdadera está en los cielos, y es hacia ella donde conduce el sendero del Señor.

¿Qué clase de viaje tendremos de ahora en adelante? La respuesta está en nosotros. Recuerda, no puedes cambiar el pasado, pero con la gratitud de Dios podemos transformar el futuro. Dios no quiere que tú te condenes en el pasado. Él quiere ponerte en un nuevo camino: el de Él. Juan 10. “10El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

2020 Octubre 25. Domingo 10 am, un sermón de Josué M Guzmán. Predicado en Misión Buenas Nuevas.

Lo de menos… el Coronavirus


Quiero comenzar esta entrada con un cita de Alvin Toffler: «Los analfabetas del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, si no aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender».

Nadie puede decir que no hemos tenido advertencias que nos gritaban que algo estaba por ocurrir: Extinción de especies vegetales y animales, derretimiento de los polos, hambrunas, sequías, terremotos, huracanes, olas gigantescas, inundaciones, seres humanos desplazados de sus hogares, cambio climático, incendios de grandes proporciones, destrucción de la capa de ozono, y la lista puede alargarse un poco más.

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¿Será que todos son hijos de Dios?


La gran mayoría de personas da por sentado que todos somos hijos de Dios, que solo por el hecho de estar vivos nos hacemos automáticamente hijos de Dios; que sin importar lo que hayamos hecho, estemos haciendo o vayamos hacer somos hijos de Dios. Es más, un gran número de personas piensa que aunque no nos guste la idea de ser hijos de Dios, lo somos y que no podemos hacer nada para no serlo. Aquí justamente es donde entra una pregunta ¿En qué nos basamos al tomar la frase «todos somos hijos de Dios» como una verdad universal? Sigue leyendo