El Envidioso


Envidiar es una emoción que no sólo implica anhelar lo que la otra persona tiene, querer estar pasando por la misma circunstancia que el otro; el acto de envidiar implica mucho más: te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee.

Son emociones que lentamente nos destruyen, sin darnos cuenta de que la procesión va por dentro.

Reyerta, incomodidad, rabia y ahogo son sentimientos con los que nos encontramos al pensar que no hemos alcanzado lo que otros sí tienen.

Podemos envidiar un carro, un cuerpo espectacular, una casa hermosa, una inquebrantable salud, un cargo de jerarquía, un buen esposo, una mujer atractiva e inteligente, las habilidades de un amigo y muchas cosas más. Sigue leyendo

¿Haces la voluntad perfecta de Dios, o la permisiva?


Recuerdo que en el año 1996 escuché en una iglesia un par de conceptos que nunca se me olvidarán, la Voluntad Perfecta y la Voluntad Permisiva de Dios. Créeme que es súper sencillo de comprender pero hasta ese momento no sabía como llamarle al hecho cuando una persona no hace la voluntad de Dios, se le llama voluntad permisiva.

Tu sabes que como seres humanos, Dios nos ha brindado un libre albedrío. Significa que si lo deseas puedes hacer lo bueno y lo malo. Está en tus manos tomar cualquiera de estas opciones: esta tarde después del trabajo enamorar a tu esposa llevándole rosas y escribiéndole un poema, o bien puedes buscar en la lista de celulares de viejas amigas e invitarla a un «café» que terminará en noche de tragos e infidelidades.

Hoy no escribo para persuadirte a que busques hacer la voluntad perfecta de Dios o la permisiva; sino más bien escribo para hacerte ver las diferencias abismales entre ambas. Estamos claros que Dios te brinda un libre actuar y pensar, es más, hasta nos da la opción de creer en Él o no; pero eso no significa que todo lo que hagamos esta bien o acorde a la santa y perfecta voluntad de Dios.

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El peso de la conciencia


En varias ocasiones he mencionado que hay dos personas en el mundo a las cuales nunca podremos engañar, la primera es Dios que conoce todos nuestros pensamientos; y la otra es nuestra propia persona. Nadie se puede dar atol con el dedo, dicen que una mentira de tanto repetirse se hace verdad, sin embargo, en nuestro interior, en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que no es así.

Hay muchas personas que han escalado, que se han beneficiado de un mal proceder, de una traición, de una mentira, de un delinquir, de aplastar y dejar en el camino a otros indebidamente. Hay quienes han ofrecido su cuerpo por tal de subir en el escalafón de la sociedad, se han prestado a seducir al jefe, al que tiene la firma de poder para poder salir «avante» de una situación. Sigue leyendo

¿Es lo mismo un Asesino en Serie que un Fornicario en Serie?


EquivocarseNo es lo mismo robar cien dólares que robar un millón de dólares, pero el hecho es el mismo: ROBAR. Entiendo que tampoco es lo mismo ser un asesino en serie que un fornicador en serie, pero el hecho es el mismo: PECAR. No existen los pecados grandes y los pecados chiquitos, todos nos alejan de Dios, todos construyen una brecha más amplia en la relación con Dios.

La Biblia habla de un lugar de tormento eterno que se llama Infierno el cual está preparado para todos lo que han decidido vivir conforme a sus deseos sin tomar en cuenta a Dios. Acá se lleva de encuentro a todos aquellos que no han querido seguir a Jesús ni sus enseñanzas. Es muy probable que hayan diferentes niveles de tormento en ese lugar de lago de fuego, seguramente los hechiceros, asesinos y violadores estén en un lugar más angustiante que el simple incrédulo o el buena gente que nunca mató una mosca, pero el lugar es el mismo: El infierno. Si me preguntas yo no quisiera estar en el lugar más «light» del infierno; sin embargo ese lugar más «suavecito» es el que forjamos si no damos el paso de buena gente a cristiano. Sigue leyendo

Dios sabe lo que te conviene, tú no


Una de las personas que nos hace más daño en nuestra vida somos nosotros mismos. Sin conocimiento culpamos primero al mismo diablo, al amigo, a las circunstancias, a la iglesia, al pastor y hasta hemos llegado al extremo de echarle la culpa de las metidas de pata a Dios.

Debes de tener claro que Dios te creó, Él te conoce mejor que nadie y obviamente sabe lo que te conviene. Pero conforme vamos creciendo esa verdad va marchitando en nuestra mente pero sin perder su veracidad en la realidad. El hecho que nosotros tendamos a actuar conforme a nuestros ideales, no quiere decir que es el buen camino y que la voluntad de Dios está con nosotros.

La mayoría de los problemas que hemos o estamos viviendo son resultado de no hacer lo que nos conviene y hacer lo que no nos conviene. ¿Por qué sucede esto? la respuesta es hasta un tanto simple y retadora: ignoramos a Dios en las decisiones de la vida. Pero me dirás «¿yo? jamás he ignorado a Dios y nunca lo haré», pueda que tengas razón que en tu corazón no exista esa rebeldía pujante; sin embargo tu vida espiritual lleva años en un estancamiento y poco a poco entiendes menos el lenguaje espiritual, ya se te olvidó, ya no entiendes los mensajes discretos de Dios, ya no haces caso a los «silbos apacibles», te has vuelto tardo para oír. Sigue leyendo